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8. De la recuperación a un nuevo modelo de desarrollo para Asia

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
September 1999
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Fragmentos de un discurso pronunciado ante la 34a Conferencia de Gobernadores de Bancos Centrales de Asia sudoriental, Seúl, Corea, el 20 de mayo de 1999.

Asia está empezando a superar la crisis que sacudió a la región hace casi dos años y que dejó asombrados a muchos gobiernos, ciudadanos, inversionistas e instituciones por la velocidad de su propagación y por la gravedad que tuvo en varios países. Se ha dicho y escrito mucho sobre las causas de la crisis, su costo humano, las decisiones de política que tomaron las autoridades, el respaldo y el asesoramiento que ofreció la comunidad internacional, y el penoso proceso de reforma.

Pero hoy quisiera rendir homenaje a los que resistieron esta crisis: a Corea y otros países de la región, sus pueblos —sobre todo a los grupos más vulnerables—, las empresas e instituciones financieras, los gobiernos y las autoridades de política económica; todos estos países han adoptado y aplicado medidas valientes y difíciles, confiando en su potencial a largo plazo.

Nosotros en el FMI nos sentimos orgullosos de haber estado junto a ustedes en estos momentos de graves desequilibrios económicos, de haber colaborado con ustedes para encontrar soluciones a la nueva cepa virulenta de crisis, y de ayudarlos en el curso del complejo proceso de ajuste que, sin duda alguna, representa un desafío de formidables proporciones.

* * *

¿Cuáles son las perspectivas actuales de Asia? Los países en el epicentro de la crisis están cerca del punto de inflexión o ya lo han pasado. Muy claramente en Corea, Filipinas y cada vez más en Tailandia y Malasia, observamos indicios de una reactivación. En Indonesia, donde la estabilización financiera tardó bastante más en afianzarse, también se prevé una aceleración de la actividad económica en el segundo semestre. ¿Qué factores hicieron posible esta evolución? Una vez que los países se propusieron firmemente desplegar esfuerzos para lograr la estabilización financiera, con el respaldo de los programas de financiamiento externo concertados con el FMI, las perspectivas mejoraron radicalmente. Los mercados de divisas volvieron a estabilizarse, lo cual permitió que se adoptara una política monetaria considerablemente menos restrictiva. Asimismo, se aplicó una política fiscal más expansiva para estimular el crecimiento económico y, paralelamente, permitir una mayor expansión del gasto social, sobre todo en la red de protección social. Ahora vemos en los fuertes repuntes registrados en todas las bolsas de valores de la región en los primeros meses de 1999 pruebas tangibles de que la confianza interna e internacional se está revitalizando. Pero, como todos sabemos, es mucho lo que habrá que hacer aún para reforzar la estructura de estas economías antes de que podamos tener la certeza de que se ha iniciado una reactivación verdaderamente sostenible.

He mencionado los elementos fundamentales de nuestra estrategia para construir un futuro más seguro para la economía mundial. No obstante, muchos de estos principios no son nuevos para ustedes, ya que han sido una parte central de los programas de reforma de gran alcance que han emprendido. Cada vez más se plantea, sin embargo, cuál será el resultado. Son pocos los observadores que dudan de la capacidad de Asia para retomar una trayectoria de rápido crecimiento. No obstante, creo que lo que se está gestando no es sólo un retorno a las estrategias exitosas del pasado sino un nuevo modelo de crecimiento de mejor calidad firmemente anclado en la asombrosa fortaleza de las tradiciones y los valores de Asia.

Permítanme presentarles mis ideas y explicarles por qué me refiero a un nuevo modelo de crecimiento, de mayor calidad, basado en los valores tradicionales.

¿Por qué un crecimiento de mejor calidad? ¡Por muchas razones! Porque se cimentará en un sistema de competencia leal y transparente en igualdad de condiciones y porque se basará en instituciones económicas y financieras sólidas y un fuerte sentido de justicia social.

Sí, las reformas que ustedes han emprendido están fomentando un sector privado independiente y competitivo. En muchas de las economías asiáticas, la deficiente gestión de las empresas era una falla muy grave. En el corto plazo, una de las prioridades será llevar adelante la renegociación de la deuda de las empresas para que éstas puedan recobrar su viabilidad y volver a tener bases financieras sólidas.

Simultáneamente, los países de la región están adoptando normas exigentes con respecto a la calidad de la gestión pública y la transparencia. Es esencial que exista una relación de independencia entre los gobiernos, las empresas y los bancos como punto de partida para una sólida gestión empresarial. Asimismo, las normas internacionales que se están formulando sobre la transparencia en la formulación de las políticas y la divulgación de datos contribuirán a afianzar la credibilidad del sector público.

Las reformas que ustedes han emprendido también tienen por objeto corregir los problemas del sistema financiero, cuya fragilidad fue uno de los principales factores de la crisis de los mercados emergentes. El primer paso dado es alentador. Ahora, las autoridades de la región deben asignar la mayor prioridad a concluir esta tarea velando porque las estructuras de reglamentación y supervisión sean sólidas. Evidentemente, seguirá siendo necesario adoptar medidas audaces encaminadas a fortalecer el sistema bancario e incluso cerrar, reestructurar o recapitalizar los bancos en situación precaria. También se requerirá una evaluación de los mecanismos de supervisión. Un objetivo clave para la región es establecer organismos de supervisión que tengan un alto grado de independencia frente a los bancos, el sector privado y otros organismos oficiales. El marco institucional concreto variará de un país a otro —un organismo independiente, una parte del organismo monetario o una entidad adscrita a un ministerio— pero el cumplimiento de su mandato no podrá estar sujeto a influencias externas.

El afianzamiento del sistema financiero será un requisito esencial para avanzar en forma continua hacia la apertura de los mercados de capital. Supongo que todos hemos comprendido cabalmente que, para poder liberalizar la cuenta de capital, los países deben satisfacer dos condiciones generales: primero, la liberalización debe desarrollarse en forma ordenada y paralela a la aplicación de medidas que fortalezcan el sistema financiero interno; segundo, los países no deben permitir que la flexibilización de los controles sobre los flujos de más largo plazo, especialmente la inversión directa, vaya a la zaga de la liberalización de los flujos de capital de corto plazo. Ésa es una de las enseñanzas más importantes de la crisis.

Otra enseñanza que se desprende de la crisis es que la preocupación por la justicia social debe ocupar decididamente un lugar central en el diseño de las políticas nacionales, lo cual exige reforzar la asistencia y la protección sociales. A medida que la recesión se fue agravando, muchas personas se vieron en la pobreza ante la falta de una red de protección social, lo cual hizo necesario recurrir en demasía a la protección brindada por la familia extensa. En el marco de los programas respaldados por el FMI se han dado importantes pasos encaminados a establecer sistemas sociales de este tipo en colaboración con el Banco Mundial. Estas redes sociales son esenciales para proteger a las personas desplazadas —como los desempleados— quienes siguen estando en una situación riesgosa, incluso en las economías de rápido crecimiento. En lo que atañe al desarrollo a más largo plazo, habrá que reforzar los sistemas educativos, pero es un aspecto en el que poco puedo hacer hincapié en un país como Corea. que en los últimos 30 años ha alcanzado una tasa de alfabetización del 98%.

Es precisamente este énfasis en los objetivos sociales lo que, a mi juicio, denota la contribución esencial de los sólidos valores tradicionales de la región al logro de un crecimiento de alta calidad. Pero permítanme ofrecer tres ejemplos más.

En primer lugar, la clara aceptación por parte de los países de esta región de que la competencia abierta es una condición para el progreso. Es muy loable que, incluso cuando enfrentaban una recesión tan grave, la mayoría de los países se hayan abstenido de adoptar políticas proteccionistas. Ustedes han reconocido, acertadamente, que el vigoroso crecimiento del pasado fue estimulado por los avances logrados en materia de libre comercio, inversión y regímenes de pago. Esta condición necesaria, pero no suficiente, tendrá que seguir siendo un precepto fundamental en la formulación de la política económica y sentar las bases de los avances futuros.

En segundo lugar, el genuino consenso de que la adopción de políticas macroeconómicas bien concebidas es una de las claves del éxito. Las acertadas políticas macroeconómicas que durante mucho tiempo se consideraron la característica distintiva de la época de alto crecimiento en Asia se están reforzando con instituciones sólidas e instrumentos de política basados en criterios de mercado que permitirán que las políticas se apliquen con flexibilidad. Por el momento, y hasta que no se afiance la reactivación, seguirá siendo apropiado imprimir a la política monetaria y la política fiscal una orientación expansiva. No me cabe la menor duda de que, en su momento, de ser necesaria una política económica más restrictiva, sus gobiernos, instintivamente predispuestos a la prudencia fiscal, estarán en condiciones de actuar conforme lo exijan las circunstancias.

En tercer lugar, la notable importancia que los países de la región asignan al ahorro en las finanzas privadas y públicas. Las altas tasas de ahorro interno registradas en el pasado fueron indispensables para el desarrollo financiero. Cuando se inicie la reactivación, la solidez de la situación macroeconómica y las exigencias institucionales fomentarán un ahorro vigoroso, que será sumamente propicio ya que probablemente los recursos externos sean más limitados y de mayor costo que en el pasado.

La misión tradicional del FMI ha acercado a la institución a Asia en momentos en que se registra la crisis económica más grave de los últimos 50 años. Esta crisis ha sido una experiencia dramática que los países de Asia han enfrentado con una lucidez y una determinación admirables. Hoy es para mí un privilegio único poder compartir con ustedes un mensaje de confianza en el futuro.

Sí, a mi juicio, los países de la región están, o pronto estarán, en una firme trayectoria de recuperación.

Sí, estimo que la perseverancia que ustedes han mostrado en la ejecución de sus programas y la contribución que han aportado para sentar las bases de la nueva arquitectura financiera internacional tienen todo el potencial necesario para encauzar sus economías en una nueva y prometedora trayectoria de crecimiento de alta calidad.

Por último, sí, creo que las nuevas características del desarrollo de las economías de Asia traerán consigo cambios que posibilitarán una prosperidad mejor distribuida y una mayor cohesión social y promoverán las culturas de la región, tanto más cuanto este nuevo modelo de desarrollo estará firmemente anclado en la riqueza de sus valores tradicionales.

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